Ley N.º 20.393: Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas

La Ley N.º 20.393, publicada en 2009, cambió radicalmente el panorama empresarial chileno: estableció que las personas jurídicas (empresas, fundaciones o corporaciones) pueden ser penalmente responsables por ciertos delitos cometidos en su beneficio.
Esto marcó el nacimiento formal del Compliance Penal en Chile y la necesidad de implementar modelos de prevención efectivos.

“El mejor modelo de prevención es aquel que funciona antes de que se lo pidan los tribunales.”

Delitos contemplados

Originalmente, la ley consideraba tres delitos base:

  • Lavado de activos

  • Financiamiento del terrorismo

  • Cohecho a funcionario público nacional o extranjero

Con el tiempo, se agregaron otros delitos: receptación, contaminación ambiental, delitos informáticos, administración desleal, entre otros.

Cómo se configura la responsabilidad penal de la empresa

Para que una empresa sea condenada, deben concurrir tres elementos:

  1. Que un delito base haya sido cometido.

  2. Que el delito se haya realizado en beneficio directo o indirecto de la empresa.

  3. Que la empresa no haya adoptado e implementado eficazmente un modelo de prevención de delitos.

Si se acredita que la empresa cuenta con un modelo de prevención efectivo, puede eximirse de responsabilidad penal.

Elementos del modelo de prevención

La ley exige que el modelo contenga, al menos:

  • Designación de un encargado de prevención.

  • Identificación y evaluación de riesgos penales.

  • Procedimientos de control y monitoreo.

  • Canales de denuncia y protocolos de respuesta.

  • Programas de capacitación periódica.

Sanciones posibles

Las sanciones para las personas jurídicas incluyen:

  • Multas de hasta 20.000 UTM.

  • Disolución de la persona jurídica.

  • Pérdida de beneficios fiscales.

  • Prohibición de contratar con el Estado.

La Ley 20.393 transformó la ética empresarial en una obligación legal. Las organizaciones deben pasar del “cumplir para evitar sanciones” al “cumplir para construir confianza”.
En un entorno donde la transparencia es sinónimo de competitividad, contar con un modelo de prevención robusto es un activo estratégico.